Las oportunidades para el consumo de bebidas durante un partido de fútbol son limitadas, y los jugadores deben asegurarse de que ellos están correctamente hidratados antes del comienzo del juego. Esto significa que se deberán consumir bebidas extras con el desayuno y el almuerzo en los días de los partidos: cualquier exceso de fluidos será eliminado por los riñones mucho antes del puntapié inicial. Se deberían ingerir fluidos adicionales 10 a 15 min antes del partido. Para asegurarse de que esto no produzca inconvenientes gastrointestinales, los jugadores deberían acostumbrarse a beber durante el entrenamiento. Esto permitirá la identificación de la bebida preferida y los jugadores se habituarán a la sensación de correr con fluidos en el estómago. Se deberían tomar bebidas adicionales al final del primer tiempo, con la composición y volumen otra vez determinados por la experiencia, basada sobre los requerimientos y preferencias individuales. Cuando las condiciones climáticas son cálidas y húmedas, se debe incrementar el volumen a consumir, y siempre que hubiese un cese en el juego (por lesiones, etc.) también se debería indicar la ingesta adicional de líquidos. Las regulaciones que prohíben tomar bebidas a los jugadores durante el partido, y que tampoco permiten un cese del juego aun cuando las condiciones climáticas son extremas, no permiten un adecuado reemplazo de fluidos. La moderación de estas reglas se podría sugerir, reglamentariamente, en base a consideraciones médicas y fisiológicas.