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Pérdida de Fluidos en el Fútbol

Pérdida de Fluidos en el Fútbol

Sugerencia / Idea
Diego10
experiencia
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Escribió 26 Mar 2009
Una deshidratación moderada podría empeorar la capacidad de rendimiento e impedirá al jugador hacer uso de sus mejores habilidades. En los deportes locomotores, tales como la carrera o el ciclismo, el hecho es fácil de demostrar, ya que los tiempos de carreras, en eventos de mayor importancia, generalmente son pobres, cuando la temperatura ambiente y la humedad son altas. La deshidratación severa es potencialmente fatal: el ejercicio en un estado de deshidratación lleva a una rápida elevación de la temperatura corporal. Un adecuado consumo de fluidos antes, durante y después del ejercicio puede ayudar a evitar los efectos negativos de la deshidratación. Esto inmediatamente provoca preguntas tales como: ¿qué constituye un adecuado consumo, y qué tipo de fluido debería ser consumido? No hay una respuesta simple, dado que los requerimientos de fluidos dependerán del nivel de esfuerzo, las condiciones climáticas ambientales, y también de las características fisiológicas y biomecánicas del jugador. Como la variabilidad de estos factores es tan grande, las prescripciones para el consumo de fluidos deben ser hechas sobre un fundamento individual: los consejos generales son tan amplios que llegan a perder su significación útil. La deshidratación en el ejercicio es consecuencia de la necesidad de mantener la temperatura corporal cercana al valor normal de reposo, es decir alrededor de 37°C. Durante el ejercicio, la tasa de producción de calor se incrementa por sobre el nivel de reposo, y consecuentemente debe incrementarse la pérdida de calor. La distancia total cubierta por un jugador en el curso de un partido es de alrededor de 8-13 km, y la tasa media del gasto energético es de aproximadamente 67 kJ/min (16 kcal/min), correspondiendo ello, a un porcentaje del máximo consumo de oxígeno (VO2máx) de aproximadamente el 75 % (Reilly, 1990). Esta intensidad promedio de ejercicio mantenida por 90 min desafiará la capacidad termorregulatoria. En un día cálido, cuando la temperatura ambiente es superior a la temperatura de la piel, el calor también se lo incorpora desde el medio ambiente, aumentando así la carga de calor al cuerpo. A altas temperaturas ambientes, el único mecanismo por el cual se puede perder calor corporal es por evaporación de agua desde la superficie de la piel. Esto permite que la temperatura corporal se mantenga, pero el resultado es la deshidratación y la pérdida de electrolitos. En oposición al fútbol americano, donde los partidos son más largos, y donde, a menudo, las condiciones del medio ambiente son más extremas, además de usarse gran cantidad de vestimenta de protección, en el jugador de fútbol no es común observar un severo estrés por calor. Pero de todos modos hay consecuencias potencialmente serias de hipertermia, y en un solo torneo de fútbol juvenil jugado en los EEUU, bajo condiciones calurosas, un total de 34 jugadores colapsaron como consecuencia de fatiga o golpe por calor (Kirkendall, 1993). En las condiciones más comunes en las que se practica el fútbol, es normal observar una moderada elevación de la temperatura corporal, aunque en condiciones de frío severo, la hipotermia también es un problema potencial, especialmente para el arquero. Luego de un partido es común que la temperatura rectal exceda los 39°C (Tabla 1): en un estudio llevado a cabo por Bangsbo (1994, datos no publicados), la temperatura rectal de todos los jugadores de un partido de la primera división del fútbol sueco, excedió los 39°C al final del partido. En otros estudios se han registrado algunos valores individuales por sobre los 40°C (Ekblom, 1986; Smodlaka, 1978) por lo que semejantes valores deben ser motivo de atención y preocupación. Comúnmente se ha reportado que el rendimiento desmejora cuando el individuo se deshidrata tan poco como el 2 % de su peso, y que las pérdidas que exceden el 5 % del peso corporal pueden disminuir la capacidad de trabajo en aproximadamente un 30 % (Saltin y Costill, 1988). También se acepta que el rendimiento cognitivo (claridad mental), el cual juerga un rol importante en el fútbol, también desmejora cuando están presentes la deshidratación y la hipertermia, pero la información disponible en este aspecto es limitada. De todos modos, Gopinathan et al (1988) demostraron que el rendimiento, en una variedad de tests de función cognitiva fue afectada adversamente, cuando los niveles de deshidratación (los cuales fueron inducidos por ejercicio en condiciones calurosas), alcanzaron un 2 % del peso inicial del cuerpo. Es difícil de cuantificar el rendimiento en el fútbol, pero los estudios que han investigado los efectos de la deshidratación en carreras a pie y en ciclismo han demostrado que tanto el rendimiento en actividades de esprint, como el rendimiento de resistencia se ven adversamente afectados (Nielsen et al., 1982; Armstrong et al., 1985). Por lo tanto, los jugadores de un deporte como el fútbol en el que se realizan esprints repetidos, probablemente se vean particularmente afectados por la deshidratación. Se pueden obtener algunas indicaciones sobre los requerimientos de fluidos, registrando el peso de cada jugador, antes y después del entrenamiento y/o la competición. Hay una limitada disponibilidad de información sobre la pérdida de peso (por el sudor) de los jugadores de fútbol durante el entrenamiento y la competición. En parte, esto se debe a los problemas asociados a la obtención de datos exactos, pero más especialmente a la renuencia de los directivos para permitir cualquier cosa que pudiera distraer a los jugadores. De todos modos, hay una limitada cantidad de información publicada, y esta se encuentra resumida en la Tabla 1. Ekblom (1986) ha reportado una pérdida de peso de 1.0-2.5 kg durante partidos jugados en climas templados, siendo estas mayores en partidos de nivel internacional y menores en partidos regulares de liga. Leatt (1986) reportó una pérdida de peso corporal de 1.0 kg (1.4 % del peso del cuerpo), en un estudio donde los jugadores consumieron 1 litro de fluido durante el partido, indicando un total de pérdida de sudor cercana a los 2 litros. Mustafa y Mahmoud (1979) reportaron pérdidas mucho mayores en algunos jugadores de nivel internacional, jugando en condiciones calurosas. En partidos jugados ambientes calurosos, fueron observadas pérdidas de aproximadamente 4 litros, aunque la pérdida media fue de 2.0-2.5 litros; cuando los partidos se llevaron a cabo bajo condiciones más frías (13°C), se reportó una pérdida media de sudor mucho más baja: 0.85 L. Bangsbo (1994) también ha reportado pérdidas de sudor de hasta 3.5 litros, en algunos individuos. Tales pérdidas podrían desmejorar seriamente el rendimiento tanto físico como cognitivo. Se han obtenido resultados similares en otros deportes que involucran niveles similares de actividad. Cohen et al. (1981) reportaron una pérdida media de 2.1 litros en jugadores de rugby; mientras que Goodman et al. (1985) reportaron una pérdida de 2.05 litros. Pyke y Hahn (1980) hicieron mediciones en jugadores de fútbol australiano quienes juegan 4 cuartos de 25 min, con hasta 5 min de tiempo extra: en un día templado (27°C), ellos estimaron que el promedio de las pérdidas de sudor era de 3.19 litros y el consumo de fluidos era de 0.74 litros; en un día caluroso (38°C), la pérdida de sudor se incrementó levemente a 3.63 litros, pero el consumo de fluidos se incrementó a 1.50 litros, por lo tanto el déficit neto de peso corporal fue mayor en el día más frío (2.45 kg) que en el día caluroso (2.13 kg). En el mismo deporte, jugado a una temperatura de 12-15° C, Pohl et al. (1981) observaron una pérdida promedio de sudor de 1.4 kg y el consumo de fluidos fue de 0.19 litros. Tabla 1. Balance de fluidos y termorregulación en partidos de fútbol competitivo (*) La pérdida de sudor mostrada es la pérdida calculada por la reducción del peso corporal, después de la corrección por el consumo de fluidos: la reducción real del peso corporal se puede calcular sustrayendo el consumo de fluidos de la pérdida de sudor calculada. La pérdida de sudor se muestra como una pérdida real y como una reducción porcentual en el peso del cuerpo. Todos los valores son para partidos de fútbol de 90 min, exceptuando los casos indicados en el texto. (#) Los autores describen al entorno como un ambiente frío y húmedo, pero indican una humedad relativa del 7 %. La disminución en el volumen sanguíneo, la cual ocurre cuando las pérdidas de sudor son grandes, puede ser un factor que influya sobre la reducción de la capacidad de trabajo: el flujo sanguíneo hacia los músculos debe mantenerse a un alto nivel para proveer oxígeno y sustratos, pero también es necesario un alto flujo sanguíneo hacia la piel para la convección del calor hacia la superficie corporal. Cuando hay un alto estrés por calor y el volumen de sangre ha disminuido por la pérdida de sudor durante el ejercicio prolongando, se pueden presentar dificultades para generar los requerimientos para un alto flujo sanguíneo hacia estos dos tejidos. En esta situación, es probable que el flujo de sangre hacia la piel se vea comprometido, permitiendo que se mantengan la presión venosa central y el flujo sanguíneo muscular pero, reduciendo la pérdida de calor, lo que provoca el aumento de la temperatura corporal. Los valores para las temperaturas rectales citados arriba, indican que la marcada elevación de la temperatura corporal es un acontecimiento normal.
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