Sé específico. Es mucho más fácil planificar y alcanzar un objetivo concreto que uno vago. Supongamos que tu objetivo es perder peso. Eso es bastante vago. Concrétalo especificando cuánto peso quieres perder, por qué y cuando deseas haberlo perdido. Eso te ayudará a planificar la forma de alcanzar el objetivo. Cuesta más y más tiempo perder 10 Kg que perder solo 3, de modo que deberás ajustar el plazo de tiempo en consonancia.
Sé realista. La gente a menudo abandona sus objetivos porque sus expectativas son poco razonables. Algunos esperan perder peso y quedarse como sílfides en unas semanas en vez de en varios meses, o dejar de fumar de la noche a la mañana tras varios años de fumar como carreteros. Supongamos que quieres correr una maratón. Si intentas correr los más de 42 Km. de que consta una maratón mañana mismo sin entrenarte, es poco probable que lo logres. ¡Una persona promedio necesita un entrenamiento de cuatro meses para correr tantos kilómetros seguidos! Pero el mayor riesgo es que acabes tan agotado y te quemes tanto por el esfuerzo realizado que abandones tu sueño de correr en una maratón e, incluso, de correr en cualquier otra carrera.
Parte de la capacidad de mantener la motivación depende de ser realista sobre lo que uno puede conseguir dentro del período de tiempo que se ha fijado. Perder 3 Kg. para la fiesta de fin de bachillerato es algo factible si falta un mes para la celebración. Pero, si la fiesta es el próximo sábado, es imposible que pierdas tanto peso en tan poco tiempo. Asimismo, competir con el equipo de esquí olímpico es una meta factible si tienes 15 años y ya eres un esquiador destacado. Pero si tiene 18 y acabas de recibir tus primeras clases de esquí, el tiempo no está precisamente de tu lado.